Kiss

Kiss en Argentina: Buenos Aires ha nacido para amarlos. Fotos: Fabio Scaturchio.


En el Campo Argentino de Polo y ante cerca de 50 mil personas volvieron los Kiss a tocar en Buenos Aires. Es su visita número 11 a nuestro país y, según anunciaron, la última. El público explota y los recibe con un entusiasmo desbordante.

La banda responde y el show es impecable, una verdadera muestra de profesionalismo, entrega y generosidad ante este público que los ama.

Desde el comienzo un telón con el nombre de la banda cae para dejarlos en escena con amplias pantallas y ellos subidos en tarimas que suben y bajan según la ocasión.

Más allá de sus maquillajes que los hicieron famosos, los Kiss (Paul Stanley, Gene Simmons, Tommy Thayer y Eric Singer) protagonizan un espectáculo lleno de sorpresas que incluye fuegos y pirotecnia muy bien utilizados.

Es maravilloso el uso de la escena que tienen sus lideres Stanley y Simmons para saber cuándo mirar a la cámara y actuar para ella.

No faltó el momento de Gene Simmons con la sangre saliendo de su boca, una espada con fuego que clava en el escenario, llamaradas de fuego saliendo de su boca y la típica lengua Paul Stanley tiene la voz intacta y lanza esos gritos agudos impecables, hasta se cuelga de un arnes por el que atraviesa el estadio y queda del otro lado en otra tarima para cantar. Por momentos agita su micrófono, lo lanza y lo agarra en el aire haciendo recordar a Robert Plant de Led Zeppelin.

El público no dejaba de ovacionar, cual partido de fútbol con el clásico “Ole, ole, ole, soy Kissero es un sentimiento, no puedo parar” logrando emocionar a Paul al punto de decir “estuvimos en muchos países, pero ustedes son los número uno”.

Cada integrante de la banda tiene su momento y logran lucirse en su set.

El baterista Eric Singer hace su solo impecable y además en un momento se sienta al piano y canta una canción al estilo de una banda o solista de rock progresivo.

El guitarrista Tommy Thayer demuestra ser un gran instrumentista, aportando unos maravillosos solos a la altura de la banda y sorprendiendo con unas explosiones lanzadas desde su instrumento.

Sobre el final no faltaron globos con el nombre de Kiss lanzados al público y miles de papelitos que impedían ver el escenario y llegó el momento de “Nací para amarte” donde Paul Stanley hace corear a la gente la melodía y el público explota, luego vendría “Rock and roll all nite” y la despedida. Con Paul partiendo su guitarra en el escenario.

Un verdadero show de rock, con el profesionalismo de una banda que cumple 50 años y sus integrantes rondan los 70.

“He nacido para amarte” nos cantaba Stanley emocionado, pero sería correcto decirles a los Kiss que Buenos Aires ha nacido para amarlos…

             Fabio Scaturchio

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