En mayo de 1981, la Argentina occidental y cristiana moldeada por el ajuste biopolítico de la dictadura militar se desayunó con uno de los crímenes más mediatizados de la historia: el “caso Schoklender”...

 Dos jóvenes de clase media-alta mataron a sus padres a sangre fría, cargaron sus cuerpos en el baúl de un auto de alta gama y huyeron. Hasta que fueron atrapados por la policía. Ese mismo año, en un acto espejado que las noticias no registraban, el underground ponía en marcha otro parricidio, el de la contracultura que el hippismo había instalado como paradigma a fines de los años sesenta. Se trató de matar “lo serio del rock, lo retórico de la poesía, lo codificado del teatro, lo discursivo del arte, lo inmóvil del cuerpo”.La originalidad de este libro radica en que pasa revista a la transitada escena de los ochenta, a partir de un crimen replicado metafóricamente en el rock, el teatro y las artes visuales. Nombres –excrecencias culturales– ya canonizados como Los Twist, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Virus o Batato Barea (en tapa) recuperan aquí su halo transgresor y son releídos como expresiones complejas de una cultura pop lunfarda, alumbrada en los tiempos míticos del Instituto Di Tella. Quien quiera oír, que lea.

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